Construyendo mayorías desde la inclusión (a propósito del Frente Amplio)

Y vamos a instaurar una asamblea constituyente, pero esta será sin la izquierda, sin la derecha, sin los partidos políticos, sin la iglesia, sin los militares, sin los empresarios…”.

Medio en broma, medio en serio, en más de alguna ocasión he recurrido a esta frase para caracterizar cierta mirada que busca la transformación social más desde la exclusión y los vetos que desde un diálogo político que construya mayorías.

Mi respuesta ha sido simple: “Quien así reflexiona, debe desde ya ir reuniendo dinero para comprar balas. Porque tal objetivo es una imposición. Una que sigue la ruta que utilizó la derecha y la elite económica hace ya 40 años, claro que a punta de metralla. Incluso aunque se piense que los propios son motivos mucho más altruistas”.

Es difícil encontrar a quien piense exactamente igual a uno. Por no decir imposible. Los clones dejémoselos a los científicos. O a la Guerra de las Galaxias. Caminar junto a otros involucra, necesariamente, estar disponible para mantener y ceder. Y tal requiere conocer, en primer lugar, cuáles son mis imprescindibles, cuáles mis accesorios. De eso trata, también, la acción política.

Múltiples experiencias ha habido en Chile durante los 25 años de transición/sedimentación del modelo neoliberal extractivista, de partidos y coaliciones que se han formado para disputar el poder establecido del duopolio Concertación/Alianza por Chile. Hoy por hoy, Nueva Mayoría/Chile Vamos.

Con variado desempeño, han –hemos- dado cuenta en la generalidad de cierta capacidad para no lograr acuerdos amplios que permitan ser una real opción para competir no solo a nivel presidencial sino legislativo y en otros espacios subnacionales.

Cada momento tiene afán, por tanto, también sus fundamentos y motivos. Y hoy es el de saber si será posible formar una fuerza extra duopolio efectiva, con miras a las próximas elecciones. Configuración aún en proceso, toda vez que ni siquiera la actual Nueva Mayoría sabe si seguirá como tal luego del desfonde en el apoyo que vive su ex buque insignia Michelle Bachelet, gobierno incluido.

No es práctico confiarse en que el rechazo a la actual administración derivará en apoyo a opciones externas. Cierta inercia, comodidad y temor a experiencias innovadoras profundas (remanente de los traumas de la Unidad Popular y la Dictadura) hacen que el rechazo electoral a un candidato o coalición muchas veces se vuelque en apoyo al que tradicionalmente ha sido su contendor. Es cosa de ver cómo, en un juego de sillas musicales y con honrosas y aleccionadoras excepciones, se van traspasando el testimonio de lo público-institucional los mismos actores que basan su poder en el clientelismo, el apoyo de los medios hegemónicos, la cooptación político-empresarial, y el marketing y la matización de las convicciones.

Se requiere de una alianza que muestre otra cara de lo que puede ser el país. La sociedad. No es el amor por el dinero, la concentración del poder, el festejo por la artificialización de lo natural, la aceptación de la desigualdad y la falta de democracia, la frivolidad ni el oscurantismo decisional lo que mueve y motiva a todos y cada uno de los chilenos y chilenas.

Hay que mostrar que podemos ser más. Donde el trabajo en pos de cambios vinculados a la transparencia, la diversidad y el pluralismo político, la superación del modelo extractivista, derechos sociales garantizados, responsabilidad intergeneracional, democracia representativa, participativa y vinculante en sus múltiples espacios hagan la diferencia.

El Frente Amplio anunciado representa una oportunidad para avanzar en dicha senda. Pero también el riesgo de alzarse bajo el esquema “nadie estuvo antes que mí, nadie estará después”. Así como no existen los dueños de los procesos, también se debe, si realmente se busca transitar en cometidos de largo aliento, estar disponible a sumarse a y con otros en la causa común.

Y eso involucra a quienes, incluso estando en otras tradicionales colectividades políticas –y que dieron sus propias batallas internas que, está visto, no ganaron- tienen la idea de participar en un conglomerado definido por principios de procedimiento y fondo. Aludo directamente a la controversia que se diera con el senador Alejandro Navarro.

Los ángeles no existen. Los ciudadanos y ciudadanas perfectas solo viven en los manuales. El resto somos seres humanos que, compartiendo visiones, estamos o no disponibles para acciones conjuntas. Eso es diálogo político. Lo demás, dogma maniqueo entre los que están conmigo, los que están en contra.

Nadie nació ayer a la vida social. Todos tenemos historia personal, de vínculos con cierto estrato social, hijos del pasado, con propias virtudes y defectos. La pregunta es si se está disponible hoy para hacer nacer algo nuevo. Nunca completamente nuevo, pero sí un paso en el cambio al estatus actual.

Tal ha sido la reflexión subyacente en el camino escogido por Somos Aysén, cuyo ideario se sustenta en la responsabilidad ecosistémica, el desarrollo económico local, la democracia vinculante, la identidad territorial.   Producto de una legislación express fraguada por Jorge Burgos (DC) luego de la caída en desgracia de Rodrigo Peñailillo (PPD), y con la anuencia de gran parte de los diputados y senadores del status quo, los partidos eminentemente regionales dejaron de existir. A abril de este año deberán convertirse en entidades con base en tres regiones contiguas u ocho dispersas. Un ataque directo a la posibilidad de crear colectivos basados en la identificación territorial propia.

Pero lo que fue un problema puede ser una oportunidad. Somos Aysén está en vías de fusión con otros referentes políticos regionales, con quienes compartimos valores esenciales, para formar el partido Federación Regionalista Verde Social. Junto al Frente Regional y Popular de Atacama, la Fuerza Regional Norte Verde de Coquimbo y el Movimiento Independiente Regionalista, Agrario y Social de O’Higgins se está emprendiendo un nuevo camino. Porque entendemos, también, que en el objetivo de cambiar Chile son necesarios muchos. Todos los que estén disponibles. Mal que mal, a enero de este año había 33 partidos constituidos en el país.

No somos portadores de la verdad. Tal tarea se la dejamos a los mesías. Sí de algunos elementos que creemos fundamentales y que ponemos a disposición del diálogo político que nos permitirá disputar con mayores posibilidades el poder, para hacer carne los principios que nos son comunes.

No es la primera vez que ocurre. La institucionalidad vigente ha obligado a instituciones tan relevantes como el propio Partido Comunista, con una tradición de más de 100 años, a recorrer el mismo derrotero: luego de las elecciones de 2009 se vio obligado fusionarse con el Partido de los Trabajadores de Chile.

Aprender de la historia es también tarea política. Que los frentes y federaciones que nacen sean lo suficientemente amplios e inclusivos, sin perder de vista los objetivos colectivos, es parte de la reflexión.

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Acerca de psegura

Periodista de Coyhaique. Involucrado en el desarrollo sustentable de la Región de Aysén, en la Patagonia chilena. psegura@gmail.com (56-99) 9699780 skype: patricio.segura / twitter: patsegura
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