Tropiezos del Frente Amplio: ¿Crónica de un fracaso o proceso de aprendizaje?

Lo viví hace un par de meses. Su origen: una combinación de ignorancia, inexperiencia y autosuficiencia. Su efecto: aprendizaje vital, al fin y al cabo.

Dialogando con unos recién conocidos, reflexionando sobre el machismo, sus causas y consecuencias, lancé el siguiente argumento nunca antes por mí escuchado: “La mejor muestra de imposición patriarcal es que en nuestra cultura los apellidos se transmitan desde el hombre a los hijos e hijas, perdiéndose en el camino la trazabilidad materna. Invento cultural, imposición machista, ya que en términos biológicos la única certeza –por lo menos pre época high tech- era la maternidad y no la paternidad”.

Pleno y complacido con mi conclusión personal, propia, durante un tiempo la retuve como posible leit motiv de un creativo posterior artículo. Hasta que un día la compartí, muy lejos de mi hogar, satisfecho de mi ingenio y capacidad de análisis (egótica práctica bastante masculina, en todo caso). De mi aporte al relato del feminismo.

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Crisis DC: Una oportunidad para la buena política

Partamos señalando que los partidos políticos no son simples asociaciones de hombres y mujeres. Cumplen un rol fundamental para el funcionamiento de la democracia y de la institucionalidad en general. Más aún, desde hace un tiempo cuentan con financiamiento estatal, al igual que sus campañas, por lo cual son sujetos de escrutinio público. Y en eso, siempre es positivo que los contribuyentes, nosotros, se preocupen qué se hace con sus impuestos.

Bajo tal premisa, la situación que vive la Democracia Cristiana por cierto que es de interés colectivo. La crisis detonada por el gallito entre la candidata presidencial/presidenta del partido, Carolina Goic, y el diputado Ricardo Rincón por su pasado de violencia intrafamiliar, ha derivado en múltiples acciones y gestos en pos de superar el impasse. En política, al fin y al cabo.

El último, en un acto de desprendimiento, la carta que el 1 de agosto un grupo de diputados DC entregara a Goic –sin la firma de Rincón- poniendo sus cargos a disposición. El objetivo, ayudarle a salir del proceso de “reflexión” (congelamiento de su postulación) que anunció la semana previa luego del golpe que le propinara la Junta Nacional al respaldar la candidatura del cuestionado legislador.

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Conferencia de Turismo Sostenible en Aysén: Cambiando para seguir igual (o por lo menos similar)

Ciertos cambios se hicieron. O quizás los tenían preparados desde antes. En realidad, no lo sabemos.

Luego de un programa -que hoy informan solo era tentativo- sin participación alguna de exponentes estrictamente regionales, en los últimos días se ha ampliado el número y variedad de panelistas centrales a la Conferencia Mundial del Consejo Global del Turismo Sostenible (GSTC) que se desarrollará en Coyhaique del 6 al 9 de septiembre. Como apuntáramos hace algunos días, con financiamiento público del Servicio Nacional de Turismo y del Gobierno Regional de Aysén, a través del Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas. Mal que mal, y a pesar de lo que se señalara previamente sobre la casi nula incidencia que podía tener el Estado chileno en el programa, hoy resulta que ambas entidades son coorganizadoras.

El auditorio principal sigue siendo el mismo.

El casino Dreams, vivo caso de lo que muchos entendemos en Aysén como un alejado ejemplo de lo que es sostenibilidad por estos lados. Un alcance: No son los casinos, en todas las locaciones y tiempos, un atentado al desarrollo económico local (por los argumentos la semana pasada expuestos). En Las Vegas e incluso Viña del Mar, que han optado por un turismo masivo basado esencialmente en el espectáculo y el divertimento, es viable. ¿Pero en Aysén, producto de su orientación hacia lo natural y la sostenibilidad?

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Las contradicciones de la cumbre de turismo sostenible que aterrizará en la Patagonia

Hace un par de semanas me sorprendieron las palabras de una joven de Coyhaique. Con su reflexión que, de seguro, muchos no comprenderán y otros no compartirán. La muchacha, desde años trabajando en torno a producción local y cuidado ambiental, decía que ya no participaba en encuentros estatales sobre sostenibilidad porque “son súper incoherentes, mucho PVC, mucho plástico, mucho material descartable y foráneo, entonces uno ya no les cree”.

Esta frase recordé al conocer los detalles de la Conferencia Mundial del Consejo Global del Turismo Sostenible (GSTC) que del 6 al 9 de septiembre se desarrollará en Coyhaique, en la Patagonia chilena. Iniciativa que cuenta con financiamiento del Estado, a través del Servicio Nacional de Turismo y del Gobierno Regional de Aysén, que puso recursos del Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas.

Muchos en el rubro están de fiesta. Y no es para menos. Que el GSTC haya escogido a nuestra región para su cumbre, existiendo tantos otros destacados posibles territorios anfitriones, no solo permitirá relevar a escala mundial el nombre de esta bella y especial Trapananda, vinculándola a la conservación de los ecosistemas, sino además recibir ingresos por la llegada de centenares de visitantes.

También, discutir sobre los alcances de la sostenibilidad. Su sentido profundo. Y es en este ámbito donde surgen preocupantes dudas sobre los principios del GSTC. No sobre los que propugnan, certifican y difunden a escala global, sino los que aplican en sus propias actividades.

Las prácticas que informa la organización multinacional y que promueve entre hoteles y operadores de turismo se engloban en la “planificación eficaz para la sostenibilidad; maximizar los beneficios sociales y económicos para la comunidad local; mejorar el patrimonio cultural; y reducir impactos negativos sobre el ambiente”, según se puede leer en su documentoLos criterios globales de turismo sostenible para hoteles y tour operadores”.

Es aquí donde aparece la primera pregunta sobre las decisiones que adopta la organización de esta actividad en Coyhaique. Particularmente por el lugar escogido para realizar las principales conferencias: Casino Dreams.

Hace cuatro años, en el artículo “Show me the money”, avancé las razones que hacen a este tipo de centros de apuestas distanciarse del espíritu de sostenibilidad asociado al verdadero desarrollo económico local. Los casinos son “verdaderas centrífugas de circulante, succionadoras de la liquidez de la productividad de las comunidades locales. Porque aunque parte de esos recursos llega a municipios y gobiernos regionales por concepto de patentes, en el fondo éstas son financiadas en su gran mayoría con el dinero de la gente que vive en el lugar”.

Como la principal fuente de ingresos de los casinos es el juego, se les simplifica competir con hoteles y hostales, restoranes y centros de eventos ya instalados, muchos de ellos de familias que destinan sus utilidades en la propia comunidad al comprar en el comercio local, al matricular a sus hijos en los establecimientos educacionales, al tomar el colectivo, comprar en el kiosco, etc. Esta es la base de lo que se conoce como desarrollo económico local y el motivo de por qué las cadenas nacionales o extranjeras no son consideradas como ejes de este modelo. La idea no es que desaparezcan, sino que operen con regulaciones que fomenten el bien colectivo comunitario más allá del simple negocio de algunos.

Incluso dentro de los criterios aboga porque los territorios tengan “un sistema que apoya a las empresas locales de pequeño y mediano tamaño, y promueve y desarrolla productos sostenibles locales y principios de comercio justo basados en la naturaleza y la cultura del lugar. Pueden incluir alimentos y bebidas, artículos de artesanía, artes escénicas, productos agrícolas, etc”. Quizás ando medio perdido, pero no veo dónde un casino, y este en particular, está en sintonía con estos procedimientos plasmados en los “Criterios globales de turismo sostenible para destinos turísticos” del GSTC.

Otro de los elementos esenciales de la sostenibilidad es la participación de las comunidades locales. Donde se comprende que todos podemos aportar, porque el conocimiento no es vertical, puede emerger de cualquier lugar, en cualquiera dirección.

El propio Consejo Global de Turismo Sostenible lo” considera relevante, cuando señala en el ámbito de “la opinión de las comunidades locales” que se debe impulsar un “sistema que alienta la participación pública en la planificación del destino y en la toma de decisiones al respecto de manera continua”, y donde “se hace regularmente un seguimiento de las aspiraciones, preocupaciones y satisfacción con la gestión del destino de las comunidades locales, que queda registrado y sobre el que se informa al público puntualmente”.

Lo paradójico es que entre los relatores de la conferencia no hay ningún exponente eminentemente regional. Solo expertos de nivel internacional y, con suerte, uno que otro chileno. ¿Los operadores, empresarios, actores locales son considerados solo audiencias de lo que otros, de lugares lejanos y más “avanzados”, pueden plantear? ¿No existen experiencias en Aysén, esta reserva de vida que ha sido protagonista de múltiples procesos, que puedan mostrar lo que en esta tierra se entiende y hace desde la mirada de la sostenibilidad? ¿No podrán quienes vengan no solo compartirnos sus visiones sino también aprender de las que en este territorio se han planteado e impulsado, pequeñas pero válidas igual? ¿No sería interesante que Conaf pueda dar cuenta del potencial de nuestras miles de hectáreas de áreas silvestres protegidas y el involucramiento con las comunidades aledañas?

La lógica es similar a organizar en el Wallmapu un encuentro sobre cosmovisión indígena y no convocar como exponentes, de igual a igual, a representantes de los pueblos originarios del lugar. Quizás algún evento paralelo a estas relatorías centrales se preparará, de seguro, pero estos posibles encuentros de segundo orden no se harán cargo de lo principal. Las comunidades locales no son un ornamento de decisiones superiores, deben ser el centro. No pensar así no solo es elitista y colonizante, sino además uno de los elementos de la crisis global donde deciden unos, se ven afectados otros.

Si quienes entregaron recursos del Estado esta actividad no lo tienen claro, desde la ciudadanía nace la reflexión. Una que apunta a ver si realmente nos podemos poner de acuerdo en qué significa, de verdad, la sostenibilidad que queremos para esta tierra y su gente.

Porque el turismo es relevante, por cierto, pero en Aysén muchos pensamos que no es más que un medio para cumplir una aspiración previa. La de vivir en esta reserva de vida como hemos acordado, y que es resguardando su patrimonio ambiental, social y cultural.

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La retroexcavadora legislativa de Piñera

Todos quienes siguen de cerca el debate parlamentario saben de las contradicciones entre lo que muchos legisladores expresan a la prensa y lo que efectivamente votan tanto en las comisiones como en la sala. Asimismo, la diferencia de argumentos que entregan en el debate interno con los que manifiestan cuando retornan a sus circunscripciones o distritos.

Como mucho en la vida, el origen de tal disonancia es multifactorial.

Uno, de tipo ético-político. Nuestros representantes, en pos de maximizar sus intereses electorales, están dispuestos a asumir compromisos que no pretenden cumplir. O, al contrario, a quebrantarlos cuando hay otros elementos que entran en juego: vínculos con empresas, grupos sociales cercanos, aliados políticos circunstanciales.

Uno de los aspectos que hace posible este actuar es el costo de la inconsecuencia: les sale barato, si no gratis, tal proceder. Y esto nos lleva a otro factor, la incapacidad de la ciudadanía de ejercer los cobros políticos pertinentes ante la falta de coherencia. Se ejecuten estos tanto en período electoral como durante la gestión, para lo cual herramientas como el mandato revocatorio –que no existe en Chile- son fundamentales.

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PDI y protección patrimonial: Un procedimiento desproporcionado

Partamos por una premisa: la legislación chilena ha avanzado en materia de protección del patrimonio cultural material y de especies declaradas en peligro. Se han ido endureciendo las penas, que no solo aportan con sanciones sino también en transformar el sentido común frente a estas relevantes materias.

En el caso de la Ley 17.288 sobre Monumentos Nacionales, en su artículo 38 bis señala expresamente que “la apropiación de un monumento nacional, constitutiva de los delitos de usurpación, hurto, robo con fuerza en las cosas, o robo con violencia o intimidación en las personas, así como su receptación, se castigará con pena de multa de cincuenta a doscientas unidades tributarias mensuales, además de la pena privativa de libertad que corresponda de acuerdo a las normas generales. Tratándose del hurto, si no fuere posible determinar el valor del monumento nacional, se aplicará la pena de presidio menor en sus grados mínimo a máximo, además de la multa aludida en el inciso precedente”.

En el de la Ley 19.473, ahondó en las condenas a la caza, captura o comercio, entre otras acciones, “de especies de la fauna silvestre cuya caza o captura se encuentre prohibida”.

Tal es un logro, por cierto. Y, en términos generales, como comunidad regional se agradece el entusiasmo que puedan tener quienes son responsables de hacer cumplir la legislación. Algo en lo cual los ciudadanos debemos involucrarnos también.

Sin embargo, el celo que no reconoce contextos e historia puede dar pie a injusticias. Más aún cuando en una interpretación bastante amplia de la normativa, funcionarios de la PDI detienen a un poblador que por décadas, de antes incluso a la dictación de tales legislaciones, ha resguardado este tipo de materialidad.

Muchos nos sorprendimos con las informaciones aparecidas este viernes en la prensa local, donde se dio cuenta de este procedimiento que además permitió la incautación de piezas arqueológicas, paleontológicas y pieles en el sector de Coyhaique Alto, como bien se diera el tiempo de detallar la institución.

La sorpresa provenía, primero, de saber que se trata de un tipo de colecciones que muchas familias ayseninas mantienen en sus viviendas. Es parte de la tradición regional, que ha permitido su resguardo y cuidado, considerando que en Aysén no existen instalaciones que se hagan cargo en propiedad de aquello. Recién ahora la tendremos, en la figura del Museo Regional.

Una duda que cabe es si este proceder significará una razzia contra todos quienes poseen elementos de este tipo, sin ánimo de comerciar, lucrar o destruir.   Una posibilidad no muy lejana considerando la forma en que se actuó con el propietario de las piezas, detención y difusión mediante, como un trofeo más de lo que suena a guerra de la PDI contra el tráfico patrimonial. El problema es que, quienes como simples ciudadanos conocemos algo de esto, sabemos que este caso no califica por ninguna vía con dicho parámetro. Es más, lo ocurrido fue un despropósito, más aún considerando la avanzada edad del poblador.

Quedan dudas sobre el criterio aplicado por la institución, tanto en su actuar como en la difusión pública que se hizo de ello. Ya hemos visto en muchas ocasiones la dictación y aplicación de leyes que no se hacen cargo de las realidades locales, regionales, como aquella que sancionaba el porte de cuchillo en la vía pública, que bien estará para Santiago y las urbes, pero no para los hombres y mujeres que con ellos trabajan en los campos de Chile y Aysén. O la multa que le habrían pasado a un poblador en un pequeño poblado de la región por andar a caballo en la localidad.

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Chile vs. Alemania: Aprendizajes de una derrota

Iba a escribir sobre los resultados de las primarias del Frente Amplio y Chile Vamos, del proceso y de lo que se viene, pero difícil es abstraerse de nuestra derrota en el partido Chile-Alemania por la final de la Copa Confederaciones. Y, más aún, del protagonismo de Marcelo Díaz en el tanto germano que, en definitiva, nos escamoteó el título junto a los fallidos intentos chilenos en el arco contrario.

Aclaración base: Las veces que veo fútbol es principalmente cuando juega la Selección Chilena y declaro abiertamente un muy básico conocimiento de la disciplina. No será esta la ocasión de vestirme de lo contrario.

Tampoco será esta una columna de desarrollo personal, aunque apuntará a cómo se va construyendo sociedad en colectivo. Incluso a través de este tipo de espectáculos. Todo comunica, es el cliché, y más aún cuando es a través de millones de televisores.

Claro que dolió que Chile perdiera. O, mejor dicho, que no ganara. Y emprenderlas en contra del 21 de la Roja fue lo más común. O, más sutilmente, subirse al carro generalizado de hiriente creatividad y humor que nace en estas circunstancias.

Pero aún así, sigue siendo este momento una oportunidad. Una que permita relevar el sentido de lo comunitario, de que la vida es mucho más que una serie de éxitos e hitos que hacen de la vivencia personal una película taquillera.

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